Que me persiguen. Madre qué jartura.
En la otra punta de la ofi está "La Tía Que Tiene La Voz Más Desagradable Del Mundo" (así, tal cual, amos, que no la busco en google porque estoy segura de que me aparece, verruga incluida; que sí, que la tiene, que además es fea de solemnidad). Pues eso, que encima tiene la paciencia de una castaña, la mala leche de un caniche cabreao y la educación de un elefante en una cacharrería. Grita, con esa voz agudísima e insorportable, toda clase de inconveniencias. La señorita betty-espaguetti le pega cada grito a los camioneros por teléfono que ay de ella si un día se los encuentra de frente por una calle estrecha. Nos miramos unos a otros, NO HAY FORMA DE TRABAJAR NI DE CONCENTRARSE, me cagonsanpeobendito.
Le he propuesto a un compañero ir y envolverla con cinta de embalar. Se rió un poco. Yo me quedé esperando con las tijeras y la cinta. La gente, en general, es poco emprendedora y poco amante de los riesgos. Tsk.
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Verano, así, de golpe y porrazo. ¿Ventanas abiertas? ¡No! ¿Por qué? A que no sabéis dónde vive "la tía que tiene la segunda voz más desagradable del mundo". Bingo, en el piso de abajo. Su sala de estar debe de dar al patio y la buena señora se ha pasado la semana gritándole a su hermana, perdón, conversando con ella con su voz de pito taladra-cerebros. Esta mañana me he cruzado a la hermana con una maleta. BIEN. ¿Bien? ¡No! Que como ahora no tiene con quién hablar, se dedica a chillar por teléfono me cagonmismuelas. Y minibere sudando como un pollito porque tengo que tener su ventana cerrada. Arrrg.







