lunes, diciembre 17, 2007

Hace muchos años, me regalaron un libro de historias dibujadas (no, no eran "cómics") donde se encontraban leyendas como la de El Monte de las Ánimas de Becquer. Recuerdo que me desagradó mucho el cuento de un prisionero al que la Inquisición iba a ejecutar al día siguiente. El ilustrador había dejado patente el estado físico del reo al llenarlo de pústulas, manchas y heridas que, junto a la expresión desencajada y arrugas de la piel, conformaban una imagen que me impresionó tanto como para seguir recordándola tanto tiempo después.

La historia era la de su huida del calabozo donde alguien había dejado la puerta abierta sin querer, a través de los pasadizos del lugar. Siempre al borde de ser descubierto, escondiéndose y con el corazón encogido. Por fin llega a una grieta en el muro por donde entra la luz cegadora de la mañana. El prisionero no puede creerlo y llora de alegría al atravesar el agujero. Al otro lado lo espera el Tribunal. Se trata de una forma más de tortura, la última, la tortura de la esperanza. En la última viñeta se ve cómo el condenado arde.

Esta mañana me han comunicado, después de dos entrevistas, que no he superado el proceso de selección para un puesto en el que había puesto todo mi empeño. En fin. Al menos no he sufrido ninguna combustión espontánea al recibir la noticia por teléfono.

3 comentarios:
  • 18/12/07 13:18, Alex dijo...

    Jodooo que p****a!!!

    Piensa que ellos se lo pierden ;-) una chica como tu en la empresa no tiene precio.

    Un saludote y ánimo.
    Pamp.

  • 18/12/07 15:27, Guillermo dijo...

    Algunos departamentos de recursos humanos son para colgarlos a todos de los pulgares.

    A ver si por Navidad te sale un curro nuevo :***

  • 18/12/07 15:43, Zuviëh dijo...

    Ánimo. ;)

Pss pss sgueme
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