sábado, marzo 08, 2008

Mi tía favorita (a la que JAMÁS he llamado tía ni tita) tenía una máquina de escribir que me fascinaba. No sólo era roja tomate, sino que también venía en un maletín rígido que en realidad era su funda, del mismo color. Tic tiqui tic, tecleaba mi tía. Escribía relatos y canciones, siempre ha sido muy creativa. Es mi tía la pintora.

Con 9 años pedí a mis padres que me apuntasen a una academia para aprender mecanografía. Así, sin anestesia ni nada. Les dijeron que era demasiado pequeña y que no me sacaría el título, pero ellos me conocen, y me lo saqué, 310 ppm, con la terquedad que caracteriza a los niños. TIC TIQUI TIC TAC CLAC, tecleaba. Esos Reyes pedí una máquina, pero me avisaron de que no la esperase. Aún así, estuve buscando por toda la casa hasta encontrar una caja en el armario del dormitorio de matrimonio. Cada tarde, cuando no había moros en la costa, la buscaba y acariciaba el cartón, feliz.

El día de Reyes estaba sobre la mesa del salón. Poco más, porque ese año los tres magos venían desmejoradillos... (gracias, papis, por el grandísimo esfuerzo). Y allí estaba ELLA. Inmensa sonrisa. Me senté y la miré por todas partes, era PRE-CIO-SA. La acaricié con los dedos. Le coloqué un folio blanquísimo. ¿Y ahora? ¿?

Lo único que se me ocurrió teclear fueron los ejercicios repetitivos del antiguo método de mecanografía: asdfg ñlkjh, vísteme despacio que tengo mucha prisa, asd asd asd asd, ñlk ñlk ñlk, pomo memo pomo memo, poiuy qwerty. Claro ¿para qué iba a querer una niña de 9 años una máquina de escribir? Para escribir, claro. Diría que así empezó mi verborrea gráfica si no fuera porque hacía tiempo que escribía diarios, poemas y relatos.

Hoy, por casualidad, he encontrado uno de esos folios que rellenaba para utilizar mi preciosa máquina. Ejercicios mecanográficos y el relato de cuando llevamos a mi perro a casa. Mil detalles que no recordaba, como ir en el asiento de atrás con él hecho una bolita envuelto en una toalla, o que tenía una hermana que murió. Eso ocurrió cuando tenía 4 años y lo escribí con 10.

Sólo muchísimo tiempo después descubrí que no me habían enseñado a colocar los dedos de forma correcta, ya que utilizo como fila guía para la mano derecha la superior en lugar de la central.

Y ahora TIC TIQUI TIC CLAC, han pasado los años y me sigue apeteciendo teclear por teclear. Y busco cualquier excusa.

Este blog estaba obligado a existir.

3 comentarios:
  • 8/3/08 14:49, Zuviëh dijo...

    Mis padres me hicieron acabar el curso bajo punta de pistola casi. Aunque claro, yo directamente no tuve a nadie tecleando en casa.. y la máquina de escribir era muy fea, me gustaba escribir más a mano.

    Ahora, si no tecleteo de forma diaria, me da algo, eso sí... cada vez me apetece menos escribir según que cosas. ¬¬

  • 8/3/08 15:56, Gacela dijo...

    Yo también tuve una máquina de escribir de pequenya... pero nunca hice ningún curso y así me tienes, a mis 27 anyos y escribiendo con dos dedos de cada mano. Relativamente rápido, pero con dos dedos de cada mano, qué triste!! :-)

  • 9/3/08 20:16, Bereni-C dijo...

    ¿Y qué más da dos dedos o los diez si escribes igual de bien? ;-)

Pss pss sgueme
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