domingo, julio 05, 2009

Me han renovado por otros pocos meses. Por el tipo de contrato que tengo (largo de contar) no tengo derecho a vacaciones. Hemos llegado a un acuerdo: me voy al paro 3 días entre contrato y contrato y así he podido venirme a la costa a soltar a minibere en casa de mis padres para todo julio.

Esto es vida: qué felicidad. Por la noche me tengo que tapar con la sábana y de día es una gloria. Qué suerte, qué maravilla. Me quito por unos días del infierno madrileño. Y es que como en la costa, en ningún sitio: qué alivio y qué gusto escapar del calor.

Ayer entró el terral*. Y 40 grados en Málaga os aseguro que no tiene nada que ver con 40 grados en Madrid: sobre todo por el viento que quema y la necesidad de cerrar todas las ventanas a cal y canto.

*El terral. […]El terral de verano es [un viento] muy seco y cálido y su presencia hace que en Málaga se registren las temperaturas más altas de la Península. […]

Qué suerte, qué maravilla yuju y todas esas cosas ¬¬

sábado, julio 04, 2009

Deben de haber adelantado la hora en la que se disparan los aspersores porque recuerdo que cuando vivía aquí saltaban a las 2 de la madrugada, clavaítas. Lo tenía más que comprobado. El gato espatarrao sobre la cama en mil posturas imposibles, el matamosquitos soltando su olor azul y yo, ave nocturna, clavando los codos antes un taco de apuntes. Siempre con prisas, siempre agobiada. Y por qué se me ha quedado guardada en la sesera esa noche, precisamente esa. Café y vitaminas.

El caso es que estoy oyendo los aspersores chss chss chss chss chss chrss chrss. Huele a yerba. Hace fresquito. Huele a veces a pis de gato, que estoy sentada cerca de la caja de arena. El suelo no es parqué y está frío. La casa está recogida y limpia. El ambiente está cargado de agua. Aquí se suda un montón.

Voy a dormir sola en una cama de sábanas suaves, pesadas de la humedad y frescas. Con un poco de suerte, mi ex-gato (otro) se me subirá para que lo abrace y dormir conmigo, aunque lo dudo mucho: desde que lo “abandoné” (según su percepción, que estuvo cabreado conmigo durante mucho tiempo) para irme con un jevi a 500 y pico kilómetros, ya no es mi gato.

No está mal regresar a casa de bere-padres de vez en cuando.

viernes, julio 03, 2009

Te reconocería en cualquier parte. Tu sonrisa estúpida, que no podía soportar, sería un faro de xenón directo al nervio óptico, como un dolor agudo bajo los arcos ciliares.

Te odiábamos. Suena fuerte, pero es la verdad.

Te despreciábamos.

Alguna vez me he preguntado si, realmente, lo merecías. Y la respuesta siempre ha sido que sí.

Pero si volviese atrás en el tiempo, no lo volvería a hacer. O sí. Da igual ¿verdad?

Cada vez que oigo esta canción de Nena Daconte y veo la sonrisa final del vídeo de Tenía tanto que darte, me acuerdo de ti.

Nota: no conocía este vídeo de la versión de Carlos Jean. Mola, pero me sigo quedando con la versión original.

sábado, junio 27, 2009

Se ha muerto un famoso, que dios nos pille confesaos.

Porque abras la revista que abras, pongas la cadena que pongas, sintonices la emisora que sea: el difunto. A todo color (en el caso de Farrah Fawcett y Vicente Ferrer, vale; en el de Miguelito, menos). Qué penica daba, qué bueno era, qué malo era, qué de cosas hizo en la vida, qué de pasta movió, qué bien cantaba/bailaba/actuaba/hablaba/setirabapedos/whatever.

En 1900 tal se comió una castaña pilonga… Así era de chico… Le gustaba criar ranas [insertar aquí imágenes de miles de ranas con brazalete negro en un anca + otra intentando hacer un corte de mangas (pobrecita, qué trabajo le cuesta) que siempre hay disidentes orgullosos de no compartir gustos con la plebe].

Blogs, twitter, facebook, comentarios, reseñas documentadas, reseñas sin tener ni pvta idea, por aprovechar el momento y dártelas de trascendente.

Ya van 3 de 3. Si se cumple el dicho, estaremos tranquilitos otra temporada.

miércoles, junio 24, 2009

Esta mañana me he armado de paciencia y he decidido que era hora de ponerme a esperar. Sin parar de moverme, por supuesto.

Y luego he vuelto y me he tomado otra pastillita de paciencia.

Y al rato he pensado que hey por qué no, y allá que han ido dos onzas y tres cuartos.

Disuelta en leche tampoco está mal mmm… hace grumitos.

Con el calor de esta tarde me he vuelto a duchar para sentirme a gusto. Pero dónde habré dejado la toalla… He tenido que secarme con un trozo grande de paciencia.

Me la he llevado de compras y le he regalado unas sandalias monísimas de la muerte. Total, que vaya cómoda ¿no?

Y un collar (de perlas).

Después me la he untado en una rebanada de pan.

Y así todo el día.

Me sale por las orejas, la respiro.

Ahora mismo se me ha dormido en la ceja izquierda (pica un poco, pero me da pena despertarla).

Y espero, espero. Sin parar de moverme, por supuesto.

M.

martes, junio 23, 2009

Quería decirle tantas cosas que, como siempre, no dije apenas nada de lo que realmente quería; pero lo que no imaginaba era que serían las últimas palabras.

Me ha podido la voz negra que llevo dentro. Esa que me dice que hablo demasiado y que por eso, nadie me va a querer nunca.

De pronto me encontré suelta de su mano y no supe cómo había sido. Me senté en el suelo.

Aquí sigo desde entonces.

lunes, junio 22, 2009

Hasta el día en que le plantan un modernísimo edificio ante la ventana del estudio, L. no sabe nada. Son veinte pisos que arrojan una sombra nueva a los muebles y revelan un rincón secreto con el cambio de luz. Bueno, no es que fuese secreto, es que no se veía ahí, en un lateral de escritorio, pegadito a la pared norte. No puede ser que haya aparecido de repente, se dice L. en su desconcierto

Pero lo peor es lo que allí hay. Pedacitos pequeños como de cristal, rojo oscuro, que con un latir suave y rítmico parecen querer dar saltitos de ballet. Qué monos.

L. se queda mirando y siente el dolor estriado en el pecho, un dolor nuevo y agudo recién descubierto, como los trozos olvidados.

L. los reconoce. Y se le viene a la boca el recuerdo de un crac-cris oído así como de lejos mientras trabajaba, leía o hablaba por teléfono. No le hizo caso, lo había borrado de su memoria.

Sin haber tenido consciencia del golpe antiguo, agarrándose el pecho en un intento ridículo por minimizar cuánto le duele, L. acaba de reencontrar unos añicos de su corazón mientras en su cabeza se mezclan ideas de analgésicos y pegamento, o tiritas o café; cómo no, un café lo arregla todo.

Pss pss sgueme
Bereni-C reloaded

Marcas de ganaderos
Free Blogger Templates

BLOGGER