En la búsqueda obsesiva de la aprobación de los demás y su amor (te da igual si pena, paternalismo…), si te enganchas en la compulsión de la búsqueda has dejado de buscar realmente, porque lo que te importa es el camino, el impulso, la ansiedad. Y nada la calma. Nunca será suficiente.
Si estás de acuerdo con todo el mundo ¿quién creerá en tu palabra? ¿cuándo tendrás tú razón? No tendrás razón ni criterio, nadie querrá conocerlos porque no serán válidos más allá de unas horas.
Si le prometes amor sincero a todos ¿quién se sentirá realmente amado por ti? ¿quién te corresponderá si llega a la conclusión de que tu amor va y viene como el viento? No estarás amando.
Si lo regalas todo y a todos de forma indiscriminada ¿qué te quedará? ¿quién le dará valor a tus presentes si no significan nada ni siquiera para ti? No serás apreciado por ello.
Si amoldas a golpes tu carácter al del entorno ¿quién eres? ¿cómo va a quererte alguien que no sabe quién o qué eres? No tendrás identidad.
Si no te haces oír porque lo que dicen los demás siempre es más importante y cambias de opinión según lo que toca ¿quién va a escucharte? Estarás mudo, además de sordo y ciego para tu voz.
Si tú no significas nada para ti, no significarás nada para los demás.
No serás nada.
¿Cómo va a quererte nadie si tú no quieres a nadie, si te quieres de forma equivocada, egoísta y victimista? Eso es no querer o malquerer.
Y así, ad infinitum.





