martes, abril 19, 2011

 

Ocho minutos, me han dicho. He entrado y, de pronto, BZZZZZZZ un ventilador sobre la coronilla a todo trapo, luces brillantísimas (¿blanco tirando a azul?) y CHUNDA CHUNDA CHUNDA CHUNDA. BZZZZZZZ. Calorcito que se convierte en calor. CHUNDA BZZZ CHUNDA CHUNDA. Casi no puedo oír mis propios pensaCHUNDACHUNDACHUNDA!! Ah, perdón, se me olvidaba: BZZZZZZZZZ!!!!!

¿Mi primera vez en una discoteca? No, en una cabina de rayos UVA.

Ocho minutos en bolas mientras suenan canciones CHUNDACHUNDA a todo trapo (¿la música era para entretenerme o para que se me hiciera eterna la sesión?) son MUCHOS minutos. Máxima FM, se llamaba la emisora del demonio. He salido con una extraña mezcla entre ganas de matar y ganas de escuchar los grandes éxitos de José Luis Perales (para compensar): TODOS.

Esto de probar cosas nuevas va a acabar conmigo… Qué malos son los 40. Los Principales, sí… claro… a eso me refería… ejem.

domingo, abril 10, 2011

 

Hace tiempo que tengo ganas de escribir y mucho que contar. Pero no quiero hacerlo.

Porque creo que no pega en este blog naranja (mostaza, amarillo, elija su aventura y vaya a a,b o c, página tal, cual o aquella). Porque no es ni pena ni alegría ni Bereni-C. Y no sé muy bien qué hacer con lo que me hierve en la sesera.

Qué cosa tan irracional. Mis pensamientos, caos y desorden, resulta que viajan por un tubo que no existe y en el que hay un atasco. Y hasta que no salga lo que no quiero escribir aquí, no hay nada más. Bloqueo.

¿Utilizar una libreta? Me he malacostumbrado a la comodidad del teclado, a corregir sin tachar, a mover frases a golpe de ratón, a tener el portátil ronroneándome en el regazo mientras redacto. No.

¿Un procesador de textos? Llamadme loca, pero olería a cerrado, a muerto. Y yo quiero que mis ideas vuelen y sean libres. Para compartir, para leer, para que otros lo lean y opinen. Y si no están de acuerdo, que lo manifiesten, pero que no sepan que soy yo: la misma Bereni-C del blog naranja/mostaza/amarillo.

Así es que la cuestión es si hacer de tripas corazón y tirar la última barrera para echar aquí todo el vómito de sucesos que da vueltas en mi cabeza o abrir un nuevo blog para luego, una vez vacía de lo que me está bloqueando, retomar este y volver a ser Bereni-C, la que se abrió un blog mandarina (porque esa era la idea) para sacar solamente luces y acabar sacando también tantas sombras.

martes, abril 05, 2011

 

Hoy me he vuelto a perder con el coche, para variar.

Y pocas cosas me producen más angustia, a parte de atravesar puentes o subir montañas. No me gusta conducir. Me agobia muchísimo no poder pararme a recoger a alguien, no encontrar aparcamiento, no saber dónde estoy.

No veo el momento en el que el jevi se saque el carné para no tener esta maldita obligación de ser siempre yo la que conduce, haga frío o calor, sol o lluvia, estando mala o peor.

Perderme en Madrid suele llevarme a ataques de ansiedad lo cual, conduciendo, no es lo más recomendable. Así es que llamo al jevi y le lloro y le lloro y le lloro hasta que me falta el aire e intento parar.

Es la sensación de no saber dónde estoy y de estar convencida de que no voy a poder saberlo la que me agobia hasta lo menos soportable. Y la constatación de que sigo siendo torpe, lerda y con NINGÚN sentido de la orientación o capacidad para memorizar caminos. Tanto es así, que me bloqueo y no soy capaz de seguir las instrucciones del GPS de turno, ya sea el navegador de Google o el estúpido Garmin.

Hoy he acabado en unas callejuelas que iban y venían a Gran Vía. Y he conservado la calma pero abriendo tantos los ojos y agarrando con tanta aprensión el volante que casi me daba risa sólo de pensar que pudiera verme alguien conocido.

Como si fuera un dibujo animado: la ardilla desquiciada en busca de su bellota. La hormiga conduciendo un tanque de papel entre kamikazes en busca del rastro hacia el hormiguero.

Y entonces, he girado a la derecha y he sabido dónde estaba.

No ha sido un mal lunes, después de todo.

domingo, marzo 20, 2011

 

Era mi muy mucho mejor amiga, de esas que ya no hay, de esas a las que puedes contarle todo, lo que sea.

Me estuvo acompañando tanto. Nos hicimos tanto bien.

Y desapareció del mapa. Llegó a ver a Minibere una vez, creo. Que nunca tenía tiempo, que yo tampoco.

Esto no puede ser. Dos años después intento retomar el contacto, pero no se deja. Pasa mucho tiempo. Un día llama de forma totalmente inesperada. Le pregunto si ha pasado algo, si he hecho algo, que no lo entiendo. Y me dice que nada, que nada, que su vida es un poco caos. Que va a tener otro niño, que ha sido inesperado, que me echa de menos. No podemos seguir la conversación porque tengo una puta migraña que no me deja casi abrir los ojos y tengo que parar para vomitar. Me llamará otro día, dice.

Y luego, silencio. Intento mails, teléfono, sms. Sin respuesta.

Me preocupo. Mucho. Nos conocemos desde pequeñas: llamo a su madre. Me cuenta que está bien, que por qué no llamo a su hija, que ella sentía que yo la cuidaba.

No lo entiendo. No me cabe en la cabeza. Y me duele MUCHO. Y pasa otro año.

Un día me dice alguien importante que a veces las personas se cruzan en tu camino y luego se marchan. Y que no tiene que haber una razón para ello, que si han elegido otra senda, debo dejarlas marchar.

Y lo intento. Y  me cuesta lo indecible, porque no puedo. Y el dolor se va acolchando, pero sigue. Y de vez en cuando sueño que nos encontramos. Y ese día me lo paso dándole vueltas a todo otra vez porque se me remueve todo.

Porque para mí el apego no es el contacto ni la cercanía, es el sentir. Y, puestos a ello, no olvido, no perdono, no me desato, no rompo nunca el vínculo. Yo, claro. Los demás siempre sí. Debo de ser la rara, la que no sabe dar carpetazo, la que se queda bloqueada por un pasado que ya no existe, la que carga cadenas de humo a modo de grillete en el tobillo.

Abro los ojos a un intento de empezar de cero en muchas cosas y decido que esta vez tengo que abrir la puerta y dejar salir del armario muchos fantasmas. Y ella se va.

Y un día Facebook me la sugiere como amiga. Ha añadido a amigos comunes, a algunos que sé que apenas conoce, pero no a mí. Algo debió de pasar, dice mi yo paranóico, muy activo últimamente, qué casualidad. O no. El dolor vuelve. Tengo que dejarla ir.

Aunque con ella se marche la remota esperanza de que hay algo que se llama amistad que en realidad existe. Aunque deje ir también la ilusión de no estar sola en mitad de la oscuridad a ratos.

La semana pasada recibí su invitación. Sorpresa, alegría, nervios, desazón, inquietud (¿por qué?). Duda, si habrá puesto el dedo sin querer sobre el botón.

Y decido aceptar, pero me quedo con el ratón en la mano sin hacerlo.

Porque no conoce a mi hija, ni me ha visto. Ni sé por ella si está viva o muerta o siquiera si su hija nació hace ya no sé si uno o dos años. No sé si se divorció finalmente, ni si sus hijos están bien o el aspecto que tienen después de todo este tiempo. Y no quiero que vea mis fotos, ni que vea a Minibere, ni mis cambios, ni que sepa de mi nueva casa, ni que sepa de mi vida. Minibere no sabe ni que existe. No puedo creer que nuestros hijos ni se conozcan. Y eso me produce una tristeza difícil de explicar.

Porque, si quiere saber, que lo haga de otra forma.

Y porque, en el fondo, lo que me acojona es que sí, que se haya equivocado al darle al botón y vuelva a dejarme tirada.

domingo, marzo 13, 2011

 

Hoy le he dicho a mi madre que no estoy bien. Y esto tiene su importancia, porque en mi familia todo se esconde por no disgustar ni herir. Ni que decir tiene las secuelas que deja eso.

Llega un momento en que ya no escondes nada, sobre todo a tu madre, así es que he caído en la cuenta de que mejor no negar la evidencia y evitar que se preocupe aún más.

A fin de cuentas, no sé si la depresión es hereditaria, pero la compartimos. Cada una a su manera, por distintas causas (o no: somos todos TAN parecidos) y manifestándola como buenamente podemos.

Así, voy siendo feliz a pequeños intervalos cuando desconecto. Riéndome cuanto puedo para reencontrarme con la oscuridad al volver a casa, cuando dejo caer los brazos y me quito la ropa. Y muestro esa cara que tan bien conoce el jevi, pobrecito. La del pánico, la indecisión aplastante, la angustia-tenaza en la garganta.

A veces me pregunto si no puedo estar al menos en un estado neutro durante algún tiempo.

Estar arriba es olvidarte de que volverás a bajar. Pero olvidarte por completo. El mundo es mío y me muevo por él nadando en sus aguas.

Hasta que hace CRAS y se me cae encima, para luchar en un fluido que más parece pegamento y me deja bloqueada por partes. El mundo me come y yo no puedo respirar. Me ahogo en cada vaso de agua, me dan ataques de ansiedad inesperados, me falta el aire, el aire, el aire.

Es un rollo.

Es una mierda.

Y es lo que hay.

sábado, marzo 05, 2011

 

Minibere: (a la salida del cole, en modo “radiopatio”) …y nos han puesto una peli y salía un zorro y salía un perro y eran amigos.

Yo: Qué bonito, hija ¿se llamaban Todd y Toby?

Minibere: Shi. Pero ¡me he perdido un trozo y no la he visto entera!

Yo: ¿Y eso?

Minibere: Que he ido a hacer caca.

Yo: (mascando la tragedia): ¿Caca? ¿y quién te ha limpiado? (4 años, no digo más) ¿tú?

Minibere: No, mamá, que yo no sé bien. Ha sido María.

El jevi: ¿María la profe? (Nos miramos. Lucecita de esperanza pero muy tenue)

Minibere: ¡No, hombre! ¡María mi amiga de la clase! Que como yo cuando me limpio me puedo llenar los dedos de caca, le he dicho a María que lo hiciera ella y me ha limpiado el culo.

[Y aquí no he encontrado ningún signo o carita que refleje el desencajamiento facial del jevi y mío.]

Nota: efectivamente, las bragas las tenía como un cuadro de Pollock.

Nota 2: esto sí que es un amigo de verdad. A ver cuántos tenéis a alguien dispuesto a hacer esto por vosotros ¿eh, eh, eh?

domingo, febrero 27, 2011

 

Odio ir a comprar ropa. De siempre. El haber estado años yendo sólo a tiendas concretas probándome lo que me cabía y no lo que me gustaba, no ha contribuido precisamente a hacerme cambiar de opinión.

No entiendo a esas féminas que disfrutan yendo de tienda en tienda a probarse porque sí. Sin intención de comprar o llevando una montaña de tela en los brazos a-que-es-mono-lo-NECESITO-en-rojo-sí-o-sí. Los ojos a lo Candy Candy o Guerrero Luna, cuajaditos de estrellas ¿Para qué quieren tanta ropa? Si con la mitad ya sobra. A mí, si hubiera que castigarme, esta sería una de las peores formas que se podría imaginar. Encontrar cosas puestas al (lo que a mí me parece) tuntún. Una vez que ves algo que te gusta, acierta con la talla (que en la misma tienda varía según la prenda) y luego, haz cola en el probador, quítate lo que llevas puesto y ve poniéndote cosas. EL HORROR. Y si no has acertado y tienes que volver a vestirte para salir y buscar y volver a desvestirte y… bueno, en fin, que LO ODIO.

Ahora tengo que comprarme ropa SÍ o SÍ. He tenido que desechar toda la mía y la escasa que tengo se me cae. Ayer fue el momento que tanto he ido retrasando. Nudo en el estómago.

La primera imagen, impactante: hombres desesperados, cargados de bolsas, en los escalones de las tiendas, con cara de “lo que hay que aguantar por un kiki al año”. Estuve a punto de pedirle a uno que me hiciera sitio, pero entonces recordé que NECESITO poder ponerme algo.

Objetivo número uno, por cuestiones de orgullo (y especial inquina a las dependientas que me han mirado con cara de ajo cuando he entrado a por ropa de niños) esa tienda en la que llevo más de 10 años sin mirar ropa para mí: ZARA. Me meto en el probador con varias blusas y vaqueros. Las blusas de la L me están bien (snif, emoción) y con los pantalones me cojo un rebote del 15. En el stand sólo hay 36 a porrillo, un par de 38 y un par de 40. Si yo estoy ahora un kilo por debajo de mi peso y el pantalón que llevo es de la 40 y se me cae, la 40 de Zara no me pasa de la cadera y me ha costado un potosí que suba de la pantorrilla ¿¿ESO ES NORMAL??

Dejé de la tienda y, por supuesto, no me llevé las blusas. Tan asqueada estaba.

Cuando me encontré al jevi por el pasillo del centro comercial fui a por lo que realmente me gusta. Al final salí con un perfume de Jean Paul Gautier y no nos llevamos un netbook porque queríamos ver mejor las características técnicas en internet y comparar con otros.

El netbook es CHU-LÍ-SI-MO, está bien de precio, es una pequeña maravilla y hasta el color mola. Estoy TAN tentada de comprarlo…

Ya me vestiré con una sábana y cuerdas si eso.

domingo, febrero 20, 2011

 

O estamos todos locos o depende de si, en un momento dado, alguien te ha colgado una etiqueta. O hay tantos grados de locura que quién sabe. Quién sabe dónde está el límite.

Que cada uno tenemos nuestros fantasmas y esas avispas machaconas que nos persiguen y a veces hacen enjambre y nos pueden. Otras, se mata al bicho de un palmetazo y aquí paz y después gloria.

La patada al avispero suele venir de improviso y convertirse en un drama en menos que pica la primera. Te envuelve y ya no deja respirar, ni ver, ni pensar.

Y esta vez ha sido enjambre MUY cabreado.

Que en los zumbidos van repitiendo las frases que hacen eco en la cabeza desde que recuerdo. Las mismas siempre.

Ser consciente de que es una paranoia no hace que, en su fase más aguda, sea capaz de operar sobre ella. Razonar y darme cuenta de que no puede ser, de que es imposible que todo a la vez esté sucediendo, no me exime de sentirlo y vivirlo como tal.

Es complicado. Como algunas relaciones en Facebook.

lunes, febrero 14, 2011

 

Está claro que el baño del dormitorio principal me odia. Por qué si no me tortura cada mañana con cambios de temperatura al azar.

Pero ya voy aprendiendo y le voy ganando el pulso. Sigue intentando escaldarme/helarme, pero ¡ja! ya no me pilla por sorpresa. También he descubierto que, pegando primero la cortina de la ducha a la bañera con agua, a veces no se levanta para pegárseme, helada, en los riñones.

Los resbalones los tengo más o menos controlados. Vamos bien.

Esta mañana he abierto el grifo y me he inclinado sobre la bañera para regular la temperatura del agua. Juraría que he oído algo así como Vendetta! (¿o era Penitenciágite!) justo antes de que me cayera la barra de la cortina sobre el cogote.

AY OSTIA JOD… ¡COPÓNYA!

Seguiremos informando desde el cuartel general. Esto no va a quedar así.

domingo, febrero 13, 2011

 

Escrito en Julio de 2010.

A veces tengo la impresión de que la vida avanza a saltos. Va fluyendo sin sentir, de pronto hay un parón, un tiempo de sentirse desubicado y ¡plop! nueva realidad. Como el de las mariposas.

El caso es que llega un día o un momento en el que algo hace click y es como si te hubieran quitado un paño de los ojos. De pronto, decides tomar un camino y no otro.

Y no me refiero a grandes decisiones ni cambios. Cosas internas que de pronto ves a una luz nueva.

Yo suelo acompañar esos momentos con cambios de imagen. Bueno, yo y media humanidad, pero en mi caso suelen ser cambios radicales en el pelo. Algo que, no entiendo por qué es tan traumático para algunas mujeres. Me refiero a mantener el corte y largo igual durante años y años y que, si se les corta dos centímetros de más, es un drama que ni Candy Candy.

Siempre he pensado que el pelo crece y el color  se vuelve a cambiar. ¿Qué problema hay? Pero bueno, es difícil que todos compartamos la misma opinión.

La semana pasada me corté el pelo. Mucho. Con lo que me iba cortando el peluquero, iba haciendo un montón. Va a usarlo para rellenos de moño.

jueves, febrero 10, 2011

 

Desde que me he vuelto a dar cuenta (una vez más) de que en el trabajo no hay amigos, ni conocidos ni piedad, ando un poco más cabizbaja. No por triste, que esa parte se pasó, sino por cansada. Cansada mentalmente.

Ya ha pasado también la fase de la angustia de no poder hacer NADA. La de sentirme atrapada por las circunstancias y tener que tragar. La sensación de que me estén agarrando de los brazos y de no poder soltarme.

Llego, curro, me voy. Llego, curro, me voy. No me levanto más que para ir al baño y recoger alguna factura.

Y trabajar así es una auténtica mierda. Sobre todo porque YO NO TRABAJO ASÍ. Nunca lo he hecho.

No leo nada que no sea de trabajo, no me asomo al twitter, no veo los correos. No me paro a charlar con nadie, cuelgo las llamadas personales, no escucho música.

Eso sí, me cunde una barbaridad.

Y también me pasa factura en cuanto salgo por la puerta y se me desborda toda la mala leche donde no debe y con quien no debe. O a solas, que para los ataques de ansiedad no se necesita público.

Y así hasta el próximo revés. Afortunadamente, ya no esperándolo de rodillas y tapándome la cabeza, pero sí bastante jodida.

Cosas que pasan.

He pedido el día libre para no pasar allí el día de mi cumpleaños. Mala suerte: no ha podido ser.

Claro que no todo es malo ¿no? Lo mismo es porque cuando cae el velo negro sobre la cara, todo se ve negro.

Así es que: ya se levantará, o se hará gris.

Igualmente son lentejas.

Pero este es mi blog y me lo follo cuando quiero.

martes, febrero 08, 2011

 

A veces los posts empiezan a moverse y a crecer despacito y adviertes que están vivos. Se retuercen, te llevan a donde no querías, pero sin darte cuenta. Serpientes, ríos, cuerdas de saltar.

A veces los posts crecen vegetalmente salvajes y te devoran las intenciones como una planta carnívora en el silencio más absoluto.

A veces los posts son como gotas de agua con azúcar que te van cayendo en la lengua.

Y cuando intentas atraparlos, se escurren como peces. Peces de gelatina. Gelatina entintada. Tinta de mentira, píxeles, unos y ceros.

Intentas abrir un trozo despacito, porque querías que ahí hubiera una nuez de otro sabor. Pero el post ya ha crecido, se ha hecho fuerte y da coletazos de dragón dejando un rastro a tierra quemada que ya no hay forma de tapar. Te quedas con tu nuez en la mano, con tu mejor cara de gilipollas, como en aquella canción de Javier Krahe.

A veces los post nacen muertos y hay que dejarlos respirar sus últimas bocanadas para luego freírlos con harina o dejar que se disuelvan, así sin grandes traumas. Muertos de humo.

Porque a veces los posts tienen vida propia.

lunes, febrero 07, 2011

 

Yo, que me engancho a todo, creo que podría haber sido cualquier cosa. O no. Porque cobarde, a pesar de todos los esfuerzos maternos para que no lo fuese, siempre he sido un rato. O no.

Podría haber sido maquinera, bacalaera. Una forma de evasión como cualquier otra: bailar hasta desaparecer, hasta perder la noción de todo. Ojos cerrados para ver a través de los párpados los flashes de luz. Podría, sí.

Jugar. Podría haber sido ludópata. Lo soy, bastante.

Pero no, elegí ser lo que ahora, tomándolo a chufla, se conoce como emo. Yo no sé si por aquellos 90 éramos más o menos ridículos que los emo de ahora. Ser siniestro (que era como nos llamábamos entonces) no era que te gustase tal o cual grupo: era un modo de vida. Como ya apuntaba maneras, por supuesto, no escogí, me sentí escogida e identificada por un movimiento negro caracterizado por la introspección y la depresión. Ahí es nada. Y ser siniestro era dejarte llevar por sentimientos oscuros (que tampoco me cuesta nada), ser la más borde del lugar (nadie me quiere, luego no quiero que nadie lo haga) y ponerte el uniforme. El de todo es una mierda y por eso nada me importa. El de los pelos cardados, la piel blanca y todo en negro. Medallones, cruces, labios morados, zapatones con suela de goma negra.

Yo podría haber elegido acercarme a otra cosa. O me podrían haber elegido a mi. Cualquier otra forma de evasión.

Porque al periodo siniestro le siguió el alcohólico en la búsqueda incesante de aprobación e integración. Por supuesto, acabé fumando. Todo para sentirme acogida en el grupo del instituto donde no hicieron más que alimentar mi baja autoestima. Y de eso saqué más depresiones (la cabra tira al monte, qué le vamos a hacer) y paquete y medio diario durante años.

Tengo la impresión de que nunca acabo de encajar en ninguna parte. Mi capacidad de adaptación a cualquier ambiente y persona (cualquiera) que antes parecía una ventaja, no ha sido sino una losa que ha lastrado cada uno de mis pasos.

Y cerca de cambiar de decena, habiendo cambiando de nombre, de ciudad, de físico, de barrio, de estilo, peinado y de pensamiento (en un reinventarme tipo ave fénix con las patas en sus propias cenizas) me pregunto ¿quién soy?

Ya está bien de adaptarme ¿no? Ya está bien :-)

lunes, enero 31, 2011

 

Mi casa, pero aún no. Bueno, mi casa porque tenemos las llaves y nos han transferido la propiedad. Eso que a mí me suena al cartoncito con una banda de color mostaza Calle de Serrano uno dos tres cuatro cinco seis siete sin pasar por la casilla de salida ni cobrar los 200 euros.

Que la señora es “poco curiosa”, nos dijo con un mohín el chico de la inmobiliaria. Angelico, qué trabajo le debió de costar ponernos en antecedentes sin usar las palabras “warra” y “gallinas”. Él se limitó a llamarla, simplemente, Lola. Que esperaba que no nos asustara el olor a perro, que tenía varios…

Lo de warra y gallinas no lo vimos así a priori. Poco curiosa, sí, peste a perro, un rato (un tufo que tiraba p’atrás a pis canino) pero al volver al piso vacío, ay madre. Si en esos muebles y frigorífico guardaba comida es que son inmunes a todo bicho viviente. La casa tiene mierda para alicatar tres cuartos de baño.

Ahora, maja, un rato, la verdad (la señora).

Tenemos tarea por delante, mucha. Ahora estamos viendo cuánto roto y viejo hay que antes no se veía llena de enseres. Y es descorazonador, además de preocupante (que no sé si nos llegará el presupuesto para todo). Así es que además de lo que ya no nos gustaba (los colores estridentes y opresivos, los panelados de madera oscura que hacían poco luminosa una casa totalmente exterior, el baño con cenefa de plástico hasta en la tapa del water) ahora vemos los rotos y descosidos.

Mi favorito, con diferencia, es el baño exterior. Todo en negro y dorado, azulejos grises. Mampara de bañera alternando espejos y paneles imitando a mármol negro y blanco. Más que ducharte parece que vas a dar la última cabezada. Que he visto mausoleos más alegres y con menos pinta de tumba, vamos. Le he dicho al jevi que yo ahí no pongo un pie (ni un culo en el retrete) hasta que no esté todo lleno de lazos y corderitos rosa, por lo de contrarrestar lo más posible el yuyu que me da. Qué repelús, madre. Que estoy por hacer un exorcismo en lugar de una reforma.

El jevi dice que, si le pongo corderitos rosa, me ahoga con la cortina de lazos y me empareda detrás de los paneles imitación a mármol que habrá guardado expresamente para ello (glups). (Ahí sí que lo mismo no le viene mal un exorcista después).

Habrá que llegar a un consenso (por la cuenta que me trae).

Pero da igual. Qué ilusión ir a verla e imaginarme los muebles, los colores claros, el plato de ducha. La luz entrando a raudales. Y Minibere, en el parque que hay a 40 metros del portal, en la misma placita. Un parque infantil con tobogán, columpios, escaleras, agujeros, cuerdas…

Ya he visto los manuales de los electrodomésticos que nos ha dejado la ex dueña de la casa y ¡la vitro es de inducción! (casi doy botes al verlo. Compramos una este verano en plan urgencia y nos quedamos con las ganas por el precio), la nevera está bien y la lavadora tiene tantas funciones que sólo le falta llevar a Minibere al cole. :-)

También nos ha dejado Lola un poto tamaño XL, unos azulejos de adorno con escenas campestres que no llegan a kitsch, así es que se quedan en horrorosos, y tres láminas de, cómo no, unos perros en la hierba.

Y esta será nuestra casa. Ahora sólo queda empezar a llenarla de recuerdos :-) (y gastarnos una pastaca en reformas, y llegar a la extenuación limpiándola). :-))

viernes, enero 28, 2011

 

Días de mierda. Días en los que querría un trozo de seta del delantal de Alicia para hacerme pequeña pequeña y meterme en un bolsillo del jevi. Que me llevase al trabajo, al comedor, a por la niña, en el tren, por la calle. Calentita, mecida, pequeña. Contenida en su mano a ratos, escondida, abrazada, a salvo.

Porque en días así nada es suficiente. Porque en días así querría esfumarme, dormir y no despertar durante mucho tiempo.

Porque sé que esto no pasará mañana ni al día siguiente. Porque sé que sólo me queda esperar a que baje la marea sin ver la línea de costa.

Mientras tanto, me agarraré a minibere y le diré al jevi que me abrace ahora cuando vayamos a dormir.

Después de todo, Alicia no es más que un personaje de cuento, las orugas no hablan (y mucho menos fuman) y hay cosas que no merecen la pena.

Buenas noches.

jueves, enero 27, 2011

 

Instrucciones de uso:

  1. Llenar la bañera con agua MUY caliente
  2. Poner esta lista de Spotify
  3. Ay..uy..ay..aah..meterse dentro…(¡ottiaquemaquemaquema!)
  4. Apoyar la cabeza en la pared
  5. Abrir un poco el grifo y dejar que el agua templada/fresca chorree sobre los pies
  6. Cerrar los ojos
  7. O también… cantar las canciones cual señora con callo doloroso pisoteado sin temor a que vengan los bomberos al rescate, como si no hubiera un mañana.

Y es que estas canciones me tranquilizan, me llevan a un estado Zen que mola. Lo malo es que al final acabo cantándolas como si me fuera la vida en ello, que para eso me sé muchas de las letras de memoria, tanto las he escuchado.

No es sólo el tono o el ritmo: son pedazos de recuerdos que se encienden como llamitas que surgen de repente de un rescoldo, son sentimientos. Algunos tan inesperados como llorar escuchando a Michel Sardou. Y eso que sólo entiendo partes de la letra, pero qué queréis, lo poco que pillo me emociona.

Me faltan unas pocas que no he podido encontrar en Spotify: Closer, de Travis; Dream a Little Dream of Me, por Carly Simon; Otherside, de los Red Hot Chilli Peppers.

En fin, las cantéis a grito pelado, os relajéis con ellas o echéis el kiki del siglo (¿por qué esa manía de música tranquila para eso? ¡lo que pega es marcha!), espero que disfrutéis con mi lista SHHHHH… tanto como yo.

miércoles, enero 26, 2011

 

Y esta viene siendo la banda sonora de mis mañanas. Torture, se llama la canción.

¿Que estamos viviendo en un piso de prestado ya lo he dicho? Y aquí vamos a estar durante un tiempo. Las cosas han venido así. Todo es nuevo, todo es diferente: hay que acostumbrarse, aprender. Cuánta luz entra por las mañanas, a qué hora se baja la basura, cuánto tarda la lavadora y cómo deja la ropa de mojada o seca. Pero, sobre todo, CÓMO REGULAR LA TEMPERATURA DE LA PUTA MALDITA NOARDIERA DUCHA.

Y en esas estamos. Hemos probado todas las combinaciones caldera/apertura de grifo/giro de grifo que se nos han ocurrido. Ya sólo nos falta hacer el pino puente mientras lo abrimos.

El caso es que, no sabemos por qué pero sospechamos que por pura maldad, la caldera empieza a calentar el agua y luego… se arrepiente. Y luego cambia de opinión. Y luego de nuevo, y más tarde otra vez. El resultado final es una ducha escocesa de las que molan, a las 6:30 de la mañana, justo al salir de la cama cuando lo único que tienes ganas es de volver a ella o, en su defecto, MORIRTE.

Cuando empieza a templarse, malo malo, que acaba fría. Si empieza a calentarse, hay que huir despavoridos. Estoy convencida de que, cuando llega a su punto máximo, podrían pelarse tomates a tiras. Un día voy a pedirle al jevi que me traiga unos, porque no me apetece nada probarlo con mi propia piel. Así es que toca primero separar el culo y luego todo el cuerpo y, alargando un brazo que se queda en modo palito de merluza congelado o rollo de kebab requemado (según toque) vas como puedes dándole toques al grifo, así, sin acercarte. Lo que pasa cuando te pilla con el pelo enjabonado es una mariconá al lado de lo peor que te puede pasar. Porque que te entre jabón en los ojos, bueno, vale pero… Lo putopeor guay es que al caer el agua a plomo desde arriba, se forma una corriente de aire que levanta la cortina de la ducha y justo va darte ¿dóndeeeee? EN LOS RIÑONES.

Resumiendo la postura: después del salto de rigor a lo Chiquito de la Calzada (¡jarrl!)  por la temperatura sorpresa, te quitas de debajo del chorro de la ducha y vas dándole toques con una mano al grifo en la postura de la grulla no, en la del culo en pompa, mientras, con la otra mano, vas apartando la cortina para que no acabe pegada a tu costado. Si te pilla con el pelo recién enjabonado, todo esto igual pero a ciegas. ¿Mola, eh?

Como dice mi querido y ridículo Robert Smith, it tortures me to move my hands to try to move at all…

martes, enero 25, 2011

 

Llevo más de seis meses a dieta. Trabajando para cambiar mente y cuerpo. Lo primero no previsto pero tan satisfactorio…

El martes fui a ver a R. y hablamos de la meta. Yo le repetía que no había ninguna meta, que no había nada que celebrar, que estaba a un kilo y medio. Ella me miró a los ojos y me dijo: Bere, que ya has llegado a la meta. Has perdido 30 kilos, estás en peso normal, te doy el alta como paciente. Entras en mantenimiento. Relájate y permítete celebrarlo: ya has llegado.

Estuve la siguiente media hora llorando y todavía no sé por qué. No era alegría ni pena ni victimismo ni emoción. Era haber cruzado la línea de meta y llorar de puro cansancio, supongo. No lo sé.

Me han pasado tantas cosas que no he querido contar, que ahora quisiera transmitirlas todas de golpe. Pero no. Al igual que era incapaz de deshacerme de la ropa que me iba quedando grande, también lo era de compartir nada porque el miedo a no conseguirlo me impedía hacerlo.

Ya he regalado toda mi ropa. Ya he perdido 31 kilos.

He aprovechado también para sacar bolsas y bolsas de basura de mi cabeza.

“Pareces otra persona” –me dicen. ¿Lo soy? No. Yo estaba debajo de todo: de las depresiones, de la insatisfacción, de la frustración, del descontrol, de la desidia. Ahora sólo tengo que redescubrirme en todos los sentidos. Y comprarme la ropa que me gusta, por supuesto.

Ahora tengo que no dejarme bloquear por el miedo y aprender a comerme los elefantes a trocitos. A abrir el paquete de galletas y comerme sólo 3, a dejar de estar pendiente de qué quieren los demás de mí, a no dejarme llevar por la losa de lo que no quiero cambiar, de la indecisión o de la incertidumbre.

Deseadme suerte.

lunes, enero 24, 2011

 

Voy a tener una terraza. Pequeñita, pero terraza. Y en ella voy a poner algunas macetas. No más de tres o cuatro, pero serán de exterior y no se me morirán, porque estarán fuera.

Voy a poner un acuario. Nada del otro jueves, pero un acuario. Y podré relajarme mirando los peces, las burbujas salir, el caracol arrastrarse.

Voy a poder aparcar en el edificio. Y ya no tendré que salir a la calle y andar varias manzanas con lluvia, viento, frío o calor abrasador, ni cargada como un borrico. Voy a tener una plaza de garaje en propiedad y no alquilada.

Voy a poder dormir. Sin desconsiderados que pasen por la calle de madrugada gritando la borrachera o a cualquier hora llamando al bicherío al que pertenecen dando silbidos penetrantes. Sin niños jugando al balón a las 12 de la noche en agosto. Sin reguetón a toda ostia.

Voy a poder entrar al baño cuando quiera, sin angustias. Y abrir la ventana para que ventile o entre la luz. Porque en la que será mi casa hay dos baños y los dos tienen ventana.

Voy a llevar a Minibere al cole de al lado, que es público y bilingüe, donde habrá niños de todas partes pero no sólo inmigrantes que formen guetto y por cuya causa ha estado en colegio privado hasta ahora. Voy a llevar a Minibere a un cole en el que no le van a meter tonterías en la cabeza ni va a llevar flores a ninguna estatua con velo.

Voy a vivir en un barrio tranquilo, con zonas verdes y un polideportivo cerca. Voy a vivir en una calle con varios parques infantiles a mano, un centro comercial a 5 minutos y una cabalgata de Reyes de la que se puede disfrutar.

Voy a tener una cuarta habitación para poder sacar todos los libros que el jevi y yo tenemos en común y cuya tercera parte ha estado años en un altillo de un armario. Y una tercera donde alojar a un futuro minideye, una futura minibere 2.0, en fin, un minibicho, si es que llegase.

Voy a tener una cocina que no es un pasillo donde, estando embarazada, no podíamos pasar a la vez el jevi y yo. Una cocina con tendedero y a la que le cabrá una mesa pequeña, para desayunar. Una cocina donde, cuando venga gente, pueda entrar y no quedarse fuera o salirse para que abra la despensa. Donde se pueda abrir la puerta del lavavajillas y a la vez las puertas del mueble de enfrente.

Voy a tener luz. Voy a poder poder poner aire acondicionado y los plomos no saltarán cada vez que encienda dos electrodomésticos a la vez.

Voy a firmar las escrituras de un piso el jueves. Y entonces será mi casa. Nuestra casa.

Sonrisa

domingo, enero 23, 2011

 

No hace frío. El frío está en la mente. El frío es un estado mental. No hace frío.

Llevo puesta una camiseta interior, un jersey de cuello vuelto, la parte de arriba del pijama, una bata, una bufanda, un gorro de lana, el pantalón del pijama y dos pares de calcetines.

Como me caiga, reboto.

No hace frío. El frío está en la mente. El frío es un estado mental. No hace frío.

Y UN COJÓN.

P.D.: Lo más cachondo de todo esto es que el jevi ni me mira, ni se está riendo de mí, ni ha hecho ninguna gracia al respecto. Es lo que tienen más de 9 años de matrimonio…

Pss pss sgueme
Bereni-C reloaded

Marcas de ganaderos
Free Blogger Templates

BLOGGER