domingo, marzo 13, 2011

 

Hoy le he dicho a mi madre que no estoy bien. Y esto tiene su importancia, porque en mi familia todo se esconde por no disgustar ni herir. Ni que decir tiene las secuelas que deja eso.

Llega un momento en que ya no escondes nada, sobre todo a tu madre, así es que he caído en la cuenta de que mejor no negar la evidencia y evitar que se preocupe aún más.

A fin de cuentas, no sé si la depresión es hereditaria, pero la compartimos. Cada una a su manera, por distintas causas (o no: somos todos TAN parecidos) y manifestándola como buenamente podemos.

Así, voy siendo feliz a pequeños intervalos cuando desconecto. Riéndome cuanto puedo para reencontrarme con la oscuridad al volver a casa, cuando dejo caer los brazos y me quito la ropa. Y muestro esa cara que tan bien conoce el jevi, pobrecito. La del pánico, la indecisión aplastante, la angustia-tenaza en la garganta.

A veces me pregunto si no puedo estar al menos en un estado neutro durante algún tiempo.

Estar arriba es olvidarte de que volverás a bajar. Pero olvidarte por completo. El mundo es mío y me muevo por él nadando en sus aguas.

Hasta que hace CRAS y se me cae encima, para luchar en un fluido que más parece pegamento y me deja bloqueada por partes. El mundo me come y yo no puedo respirar. Me ahogo en cada vaso de agua, me dan ataques de ansiedad inesperados, me falta el aire, el aire, el aire.

Es un rollo.

Es una mierda.

Y es lo que hay.

4 comentarios:
  • 13/3/11 23:59, Abisal dijo...

    Yo no te conozco pero... se me hacen tan conocidas tus palabras. Muchas veces la gente con depresión dice que no hay nada que vaya especialmente mal, que no hay nada que sea "la causa". Yo creo que siempre la hay, a veces se camufla, o lleva tanto tiempo con nosotros que ya nos parece que es un apéndice más de nuestro cuerpo y no lo reconocemos como ente extraño, pero para mí siempre hay algo. ¿Y que queda? Identificarlo y aniquilarlo, de raíz, aunque duela. No es fácil, no.

  • 14/3/11 14:45, La reina de la miel dijo...

    El primer párrafo, un auténtico bofetón en toda la cara. En cuanto se empieza uno a revelar (y a rebelar), las secuelas palidecen.

  • 14/3/11 16:24, Miss Hurry dijo...

    Un estado neutro es con lo que soñamos muchos pero como a veces (muchas veces) no puede ser hay que agarrarse a los pequeños momentos en los que la sonrisa sale sola, sin pensar. Ánimo y espero que esos pequeños momentos se vayan dilatando hasta que la oscuridad se convierta en algo que pasó, en un mal sueño.

  • 14/3/11 21:29, Gacela dijo...

    Lo de las familias que esconden las cosas malas (cuando no directamente mienten) por eso de no disgustar o herir me suena mucho y es duro anyadir esas mentiras a los malos momentos que se pasan. Así que al menos me alegro de que hayas podido contárselo a tu madre, quizá encuentres en ella un apoyo inesperado que te pueda servir.

    Y sobre el resto... no sé, me gustaría hacer algo más duradero que unas risas de viernes noche en una sidrería, pero no sé si puedo. Yo te diría que valoraras si las cosas que te hacen danyo -algunas las tienes perfectamente localizadas- son imposibles de evitar. Si no puedes relativizarlas o intentar pasar por encima de ellas de puntillas, sin que te afecten demasiado -y a veces, simplemente, no se consigue-, a lo mejor es momento, si se puede, de cortar con eso que hace tanto danyo y que nos va minando día a día. Pero esto es un poco obvio y a lo mejor ya lo has valorado y simplemente ahora no te es posible, no lo sé. Es que me duele y preocupa verte así, no quiero que revivas etapas que ya conoces y que habías dejado atrás. Y que deberían quedarse ahí, en su sitio, el pasado.

    En fin. Estoy (estamos) aquí, cerca, intentando ahuyentar los malos ratos o al menos darte algunos buenos que te sirvan de colchón ante las caídas.

    Y ya paro, antes de que el comentario sea más largo que el post... un abrazo, ninya.

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