lunes, febrero 07, 2011

 

Yo, que me engancho a todo, creo que podría haber sido cualquier cosa. O no. Porque cobarde, a pesar de todos los esfuerzos maternos para que no lo fuese, siempre he sido un rato. O no.

Podría haber sido maquinera, bacalaera. Una forma de evasión como cualquier otra: bailar hasta desaparecer, hasta perder la noción de todo. Ojos cerrados para ver a través de los párpados los flashes de luz. Podría, sí.

Jugar. Podría haber sido ludópata. Lo soy, bastante.

Pero no, elegí ser lo que ahora, tomándolo a chufla, se conoce como emo. Yo no sé si por aquellos 90 éramos más o menos ridículos que los emo de ahora. Ser siniestro (que era como nos llamábamos entonces) no era que te gustase tal o cual grupo: era un modo de vida. Como ya apuntaba maneras, por supuesto, no escogí, me sentí escogida e identificada por un movimiento negro caracterizado por la introspección y la depresión. Ahí es nada. Y ser siniestro era dejarte llevar por sentimientos oscuros (que tampoco me cuesta nada), ser la más borde del lugar (nadie me quiere, luego no quiero que nadie lo haga) y ponerte el uniforme. El de todo es una mierda y por eso nada me importa. El de los pelos cardados, la piel blanca y todo en negro. Medallones, cruces, labios morados, zapatones con suela de goma negra.

Yo podría haber elegido acercarme a otra cosa. O me podrían haber elegido a mi. Cualquier otra forma de evasión.

Porque al periodo siniestro le siguió el alcohólico en la búsqueda incesante de aprobación e integración. Por supuesto, acabé fumando. Todo para sentirme acogida en el grupo del instituto donde no hicieron más que alimentar mi baja autoestima. Y de eso saqué más depresiones (la cabra tira al monte, qué le vamos a hacer) y paquete y medio diario durante años.

Tengo la impresión de que nunca acabo de encajar en ninguna parte. Mi capacidad de adaptación a cualquier ambiente y persona (cualquiera) que antes parecía una ventaja, no ha sido sino una losa que ha lastrado cada uno de mis pasos.

Y cerca de cambiar de decena, habiendo cambiando de nombre, de ciudad, de físico, de barrio, de estilo, peinado y de pensamiento (en un reinventarme tipo ave fénix con las patas en sus propias cenizas) me pregunto ¿quién soy?

Ya está bien de adaptarme ¿no? Ya está bien :-)

5 comentarios:
  • 7/2/11 23:04, Gordi dijo...

    Todos somos muchas personas. Unas nos gustan y otras no, a unas las reconocemos y otras nos pasan desapercibidas a veces.

    Tienes que ver Zelig, de Woody Allen.

  • 7/2/11 23:07, Bereni-C dijo...

    Uiiishhhh... es que a mí por Woody Allen sólo me sale "tío insoportable que va de guay y hace el mismo papel en todas las pelis, pelis que, por otra parte, son todas iguales y tienen los mismos clichés" y así, claro, a ver quién ve más pelis suyas. Amos, que lo aborrezco.

  • 7/2/11 23:10, Bereni-C dijo...

    Y con esto y un escudo antibalas, me atrevo a decir también: ¡Jehová! (Hala, piedras, a mí)

  • 8/2/11 00:27, Gordi dijo...

    Pues seguramente esta peli te aburriría como una ostra pero va precisamente de esto, del hombre camaleón, de cómo todos necesitamos adaptarnos al entorno para sentirnos aceptados y queridos.

    En cualquier caso, aunque no sirva de nada, que sepas que eres mi ídola. Sin más.

    ¡Visita mi blog!

  • 8/2/11 08:37, ynosek(+)kontarte dijo...

    yastá bien coñe!!
    :))))))

Pss pss sgueme
Bereni-C reloaded

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