domingo, marzo 20, 2011

 

Era mi muy mucho mejor amiga, de esas que ya no hay, de esas a las que puedes contarle todo, lo que sea.

Me estuvo acompañando tanto. Nos hicimos tanto bien.

Y desapareció del mapa. Llegó a ver a Minibere una vez, creo. Que nunca tenía tiempo, que yo tampoco.

Esto no puede ser. Dos años después intento retomar el contacto, pero no se deja. Pasa mucho tiempo. Un día llama de forma totalmente inesperada. Le pregunto si ha pasado algo, si he hecho algo, que no lo entiendo. Y me dice que nada, que nada, que su vida es un poco caos. Que va a tener otro niño, que ha sido inesperado, que me echa de menos. No podemos seguir la conversación porque tengo una puta migraña que no me deja casi abrir los ojos y tengo que parar para vomitar. Me llamará otro día, dice.

Y luego, silencio. Intento mails, teléfono, sms. Sin respuesta.

Me preocupo. Mucho. Nos conocemos desde pequeñas: llamo a su madre. Me cuenta que está bien, que por qué no llamo a su hija, que ella sentía que yo la cuidaba.

No lo entiendo. No me cabe en la cabeza. Y me duele MUCHO. Y pasa otro año.

Un día me dice alguien importante que a veces las personas se cruzan en tu camino y luego se marchan. Y que no tiene que haber una razón para ello, que si han elegido otra senda, debo dejarlas marchar.

Y lo intento. Y  me cuesta lo indecible, porque no puedo. Y el dolor se va acolchando, pero sigue. Y de vez en cuando sueño que nos encontramos. Y ese día me lo paso dándole vueltas a todo otra vez porque se me remueve todo.

Porque para mí el apego no es el contacto ni la cercanía, es el sentir. Y, puestos a ello, no olvido, no perdono, no me desato, no rompo nunca el vínculo. Yo, claro. Los demás siempre sí. Debo de ser la rara, la que no sabe dar carpetazo, la que se queda bloqueada por un pasado que ya no existe, la que carga cadenas de humo a modo de grillete en el tobillo.

Abro los ojos a un intento de empezar de cero en muchas cosas y decido que esta vez tengo que abrir la puerta y dejar salir del armario muchos fantasmas. Y ella se va.

Y un día Facebook me la sugiere como amiga. Ha añadido a amigos comunes, a algunos que sé que apenas conoce, pero no a mí. Algo debió de pasar, dice mi yo paranóico, muy activo últimamente, qué casualidad. O no. El dolor vuelve. Tengo que dejarla ir.

Aunque con ella se marche la remota esperanza de que hay algo que se llama amistad que en realidad existe. Aunque deje ir también la ilusión de no estar sola en mitad de la oscuridad a ratos.

La semana pasada recibí su invitación. Sorpresa, alegría, nervios, desazón, inquietud (¿por qué?). Duda, si habrá puesto el dedo sin querer sobre el botón.

Y decido aceptar, pero me quedo con el ratón en la mano sin hacerlo.

Porque no conoce a mi hija, ni me ha visto. Ni sé por ella si está viva o muerta o siquiera si su hija nació hace ya no sé si uno o dos años. No sé si se divorció finalmente, ni si sus hijos están bien o el aspecto que tienen después de todo este tiempo. Y no quiero que vea mis fotos, ni que vea a Minibere, ni mis cambios, ni que sepa de mi nueva casa, ni que sepa de mi vida. Minibere no sabe ni que existe. No puedo creer que nuestros hijos ni se conozcan. Y eso me produce una tristeza difícil de explicar.

Porque, si quiere saber, que lo haga de otra forma.

Y porque, en el fondo, lo que me acojona es que sí, que se haya equivocado al darle al botón y vuelva a dejarme tirada.

7 comentarios:
  • 21/3/11 00:52, La yo de hoy. dijo...

    joder con los yoes paranoicos, están desataos últimamente, a mí me pasa a cada rato...
    pufff, gran putada esa de los grilletes que te atan al pasado sin dejarte seguir... yo intentaría un último acercamiento vía teléfono, ya que su dedo ha pulsao por error o por ganas la solicitud de amistad del puto feisbuk, y en función de la reacción... pues palante o a poner una peazo bomba en los grilletes que te sujetan al ayer!!!!!!

  • 21/3/11 15:20, Microalgo dijo...

    Cito.

    Las criaturas que han desempeñado un gran papel en nuestra vida no es raro que salgan de ella súbitamente de una manera definitiva. Vuelven a posarse en esa vida unos momentos antes de abandonarla para siempre (Marcel Proust: en Busca del Tiempo Perdido. III. El Mundo de Germantes).

    (¿Cómo puedo tener siempre una cita en la cabeza, y dónde buscarla?).

    Y bueno. La gente cambia. Qué vamos a hacerle...

  • 22/3/11 00:09, Gordi dijo...

    Pues sí, unas personas vienen y otras se van. Y a otras hay que dejarlas ir porque se presencia espacio temporal es otra.

    A veces duele, pero se puede vivir con ese dolor, no pasa nada.

    Encontrarás otras personas, y volverás a perder a algunas de ellas. Pero se puede vivir con eso.

  • 22/3/11 17:43, goodbye kitty dijo...

    Hay que intentar siempre estar más de paso. Las pérdidas son necesarias, vivir sin tanto lastre es una liberación.
    Un día la gente pesa, esa muy mejor amiga pasa al limbo de las muy mejores amigas y tú sigues existiendo con amigas menos mejores amigas pero que no te requieren ni la mitad de tu sangre.

  • 25/3/11 05:50, Melannie dijo...

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  • 26/3/11 11:29, Anónimo dijo...

    No sabes cuánto y cómo te entiendo...

  • 1/4/11 10:17, coletas dijo...

    sólo decirte que a mí me ha pasado eso también con mi mejor amiga o se dice exmejoramiga? no sé, lo que sé es que ya hace más de 5 años y aún no sé que pasó ni porque ella parece haberlo superado y yo no, hasta el punto que también sueño con ella y todo lo que cuentas tú...incluyendo momento facebook...y duele, aunque sigas el día a día como si nada, es un pequeño alfiler que de vez en cuando se mueve y te da un pinchazo donde más duele :-(

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