martes, octubre 18, 2011

 

Qué me ha dao, pero qué me ha dao que llevo todo el día acelerada. De no poder levantarme por pura pereza, pero pereza de la que bloquea, hoy estoy como si me hubieran dado cuerda y me hubiera pasado de rosca.

Y allá que chin chin chin como un mono con platillos.

En el curro he hecho mil cosas. He estado en el parque con Minibere, le he preparado el baño. He despejado otra habitación. He subido bultos al trastero que llevaban meses aburriéndose por la casa. He abierto LAS DOS ÚLTIMAS CAJAS. He recuperado mi colección de revistas de punto de cruz. Ese punto de cruz que tanto me gusta y que sólo me ha dado para hacer cuatro o cinco marcadores de libros. Y ya está.

Con un nudo en el estómago y ni tengo claro por qué. No hay razón o es una suma de razones. Tal vez escribiendo lo saque. Tal vez.

Anoche estaba agotada mental y físicamente. Me tomé un Myolastán, me dió el bajonazo muscular. Sensación extraña, miembros flotantes, hasta la lengua la sentía rara. Me duró una hora. Se me pasó.

He vuelto a dormir mal. No tan mal como de costumbre, pero sí. Malos sueños de nuevo. Despertar, cambiar de postura, dormir, volver a soñar. Así toda la semana.

¿Es el otoño?

lunes, octubre 17, 2011

 

¿No hay días que os levantáis más gilipollas que de costumbre? Yo no tengo un día: tengo temporadas. Y soy gilipollas con matices: soberbia, tarada, torpe, picajosa. Vamos, que además voy cambiando. Una joya.

A estas alturas no os voy a engañar.

A estas alturas estoy aprendiendo a no engañarme.

lunes, octubre 03, 2011

 

Desde hace poco estoy pensando en retomar algo del espíritu de la antigua Bereni-C. Después de todo, post como el los odios puede que sean buenos para mí.

Para mí, claro, que este es mi blog y melofo, ya sabéis. Aunque en realidad es mentira porque no escribo lo que quiero, ya sabéis.

Después de todo yo soy esa Bereni-C también. Al igual que la de ahora, la de ayer y la de dentro de 10 minutos.

Bueno, no sabéis o sí, tanto me da.

Tengo pendiente tantas cosas por escribir que estoy empezando a olvidarlas. Unos ejemplos que me va a servir de recordatorio:

  • Otros odios
  • Molinos
  • K. y sus disculpas
  • Un cuerpo
  • Bereni-C negra/Bereni-C naranja
  • Sueños

No es por falta de inspiración, no es por falta de ganas. Es que no tengo tiempo material. *Sigh* Y esto lo he escrito desde el curro porque me ha dado la gana, no porque pueda parar a hacerlo.

También está la puñetera astenia otoñal (que sí, que existe, lo juro por esnupi) que afecta a muchas menos personas que la primaveral pero que me ha tocado de pleno.

Cosas que pasan.

A veces me asfixia el peso del blog y de saber quién lo lee o que se lee siquiera. Prefiero pensar que nadie lo hace o que todos pasáis.

Pero en el fondo me puede el lado exhibicionista/irresponsable y esta capacidad que tengo para creer lo que me da la gana y autoengañarme, sin la cual no habría podido conseguir tantas cosas.

Buenos días de nuevo.

viernes, agosto 12, 2011

Papá Noel, en un alarde de originalidad y campechanería, y tras haberse puesto morado a mojitos, nos trajo unos patines a cada uno estas Navidades. Y ahora, POR FIN, después de meses en el guardamuebles y a la espera de tener algo de tiempo, los hemos estrenado.

Yo había patinado cuando tenía 12-14 años con cuatro ruedas. Y las mujeres, teniendo el centro de gravedad más bajo, solemos guardar mejor el equilibro que los hombres. Y joder, que tan difícil no puede ser ¿no? Mientras no se me escoñe mucho el marido, vamos bien. Yo no creo que necesite mucha ayuda, él, fijo. (Pobrecito)

Y la ley de Murphy, por supuesto, se ha cumplido inexorablemente.

No sólo el hijopMUYHÁBIL va como la seda, sino que yo soy una especie de hipopótamo patinador descendiente de Billy Idol (me he vuelto a cortar el pelo y teñido de rubio: soy talmente su hija secreta) con la misma habilidad para mantener el equilibrio que un epiléptico sobre hielo.

Ahí es nada.

Y ahí nos vemos. El jevi RIIIISSS RAAASSS RIIIIISSS RAAAS y yo RII..AYAYAYAY..SHAKASHAKASHAKA...RAAASS... donde los SHAKASHAKASHAKA con mis aleteos tipo molino de viento para mantener, más o menos infructuosamente, la posición vertical. El caso es que extendiendo los brazos en cruz y moviéndolos espasmódicamente, consigo no dejarme los piños en el asfalto (a duras penas).

He visto payasos borrachos con más dignidad. He visto auxiliares de vuelo drogados con más elegancia. He visto guardias urbanos con mala ostia con más glamour.

De farola a farola. RIII.... SS... SHAKASHAKASHAAAKA... AYAYAYA... RAAASS....

Si Don Quijote me avistara de lejos, fijo que espoleaba a Rocinante para embestirme.

A la hora (bueno, vaaaale, media hora) he decidido que no podía decidir si me dolía más el cuello, la espalda, los tobillos o el orgullo y le he dicho al jevi que patinase con la madre del topo, que yo me iba a casa.


lunes, julio 25, 2011

 

Frase manida donde las haya, pero aviso. Llegué al punto álgido, al clímax, a la cima de la montaña. Y ahora inicio bajada.

Lo noto.

En la presión del aire, más bien en la descompresión y descomprensión. En los nudos en el pecho y en las vallas que se me hace a veces un pequeño guisante del camino.

Uff.

No pierdo la esperanza de remontar y quedarme a una altura razonable.

Razonable. Subjetivo. El recorrido del péndulo. Razonable, qué difícil.

domingo, julio 17, 2011

 

Hemos llegado como 20 minutos antes “porsiaca”. Mi primer cine de verano. Gratuito, hasta completar aforo. A saber, que en este pueblo a lo Show de Truman lo mismo van cuatro gatos, pero “quién sabe”.

Noche perfecta. Sitios que no están mal. Ni frío ni calor. Minibere ha dormido siesta, es una peli que tiene ganas de ver desde hace mil y que quitaron del cine sin nos diese tiempo a verla entre unas cosas y otras. Mamá-McGuiver preparada con bolso: botella de agua, lata de Mahou, lata de Coca Cola Zero, gominolas, chocolatinas, uvas, toallitas desechables, kleenex y un señor de Cuenca que pasó un día por mi lado y que había metido en el bolso porque “quién sabe” (es mi lema).

Y entonces ha llegado ELLA.

Rango, se llamaba la película. No se me olvidará. Pero no porque me haya dejado huella, no, sino porque así se lo ha repetido unas (a ver, déjame contar… una… dos… tres…) QUINIENTAS CINCUENTA Y SIETE VECES a su amiga por teléfono justo antes de que empezara.

Una de las voces más enervantes que debe de haber en toda la comunidad de Madrid y me tiene que tocar al lado. Esa, la que habla al límite de su esfuerzo pero sin volumen efectivo, sólo irritante, y con el mismo mismísimo tono de mi “querida” presidenta la Aguirre (puah puah).

Que si niña quieres acquarius, que si niña te sientas conmigo que si… Ha empezado la peli y no ha tardado ni un minuto en comenzar a hablar uy esto no se oye bien uy niña tú lo escuchas uy OIGAN, QUE NO SE OYE. Me he vuelto a mirarla y le he soltado un “si no se calla, vaca imbécil, qué carajos se va a oír” ejem, esto… mentalmente. (Irascible e intolerante sí, cobardica cual gallina, también. Sasoiyo, como diría @Margarito).

Y luego la muy “asesinable”… ¿pues no se ha tirado toda la peli soltando GRITOS del tipo “TOMA YA!”, “AY QUÉ ASCO”, “AAAAY JAJAJA TOMAAAAA”? Una señora que supera los 40 si no más, una peli de niños… ¿pero cómo se puede ser tan molesta sin darse cuenta? La pantalla estaba un poco a mi izquierda, lo cual hacía que me girase en esa dirección. Al igual que doña Gritona. Resultado: cada chillido incrustado en mi lóbulo derecho con entrada directa desde el pabellón auditivo de la misma dirección. En resumen: que me gritaba a la oreja. ¿Por qué, Señor, a mí?

Y sobre todo, por qué por qué por qué con lo tiquismiquis que soy, siempre me toca gente así alrededor.

Seguiremos informado desde Villacaos y El Pueblo Perfecto. Por ahora, continuo feliz (y más desde que acabó a peli y el sucedáneo de la Espe se piró con su hija).

Buenas noches, noches.

lunes, julio 04, 2011

 

Y en esas dos palabras se encierra tanto que no sé por dónde empezar. Entre otras cosas, porque no es mi estado natural ni sé manejarlo. Pero que lo estoy disfrutando lo saben hasta las piedras.

Estoy arriba de la montaña rusa y me da miedo la caída. Pero no quiero pensarla ni que me pueda el miedo.

Tan bien me encuentro que el peligroso vértigo que me bloquea cuando cruzo puentes con el coche parece milagrosamente atenuado. El jevi apenas puede creerlo.

Pero disfruto y me bebo la vida a mordiscos. No hago nada especial, sólo respiro y paladeo. Y eso está bien.

Ya vendrá el invierno. No el bueno, ese que tanto me gusta, sino el negro. Soy la cigarra, canto. Y creo que eso debe ser así.

Porque cuando se está en este estado todo lo demás va rodado. Y lo que ayer eran piedras hoy apenas son el roce de unas matas en los tobillos. Que no hace que me pierda el paisaje, el río o el cielo.

Qué bien, qué bueno. Ojalá supiera cómo compartirlo. Abrir el tarro de la felicidad y darle a todos los que quiero.

En el fondo de la cabeza hay una vocecita que me avisa y recuerdo los “todo o nada” de R. y el balance de su puño cuando lo explica. Me da miedo, claro. Porque si esto es el todo, el nada va a ser una caída de infarto. Porque este entusiasmo me desborda hasta el punto de querer decirle al mundo cuánto aprecio a los que quiero, de comprar cosas que en realidad no necesito, de… ¿qué me está pasando?

Pero no quiero pensarlo. Soy la cigarra.

Y voy a cantar :-)

lunes, junio 06, 2011

 

Si tu nombre empieza por A, estarás el primero en casi todas las listas. Si le sigue una B o una D, serás el rey del mambo.

No importa si en el cole siempre fuiste Zaldívar, Soria o Yuste de apellido y, por lo tanto, tenías que esperar a fuerza de paciente tedio ese arrastrarse por la lista desde el principio, preguntando la lección o cualquier otra cosa. Y a dios gracias, porque empezarla por el final era aún peor: te tocaba en menos que canta un gallo y siempre podían pillarte sin haber estudiado ni jota.

Si tu nombre empieza por A, estarás el primero en las agendas de los móviles. Y eso es agridulce.

Porque recibes llamadas sin querer de cualquiera de tus contactos que se olvide de bloquear el teléfono. A veces oyes pasos, música o voces. Otras, silencio y ruido blanco. A veces reconoces ese tono y te sonríes. Levantas un poco la voz por si les llega al otro lado y acabas colgando.

A veces tienes contactos que hace años que deberías haber borrado. Y te llegan sus llamadas no queridas como una brisilla sorpresa en el estómago. Agridulce. Porque sabes que no te llaman a ti, que es sólo un error. Que ya no.

Normalmente (siempre) dejo que se pierdan. Dudo un segundo y comprendo. Quito el sonido y me quedo mirando la pantalla, como el que mira la barra de descarga de un programa. No sé para qué. Dejando que los recuerdos se me agolpen en la frente.

Hoy he devuelto una de esas llamadas. Nos hemos preguntado por la vida en los últimos tiempos, nos hemos deseado lo mejor. Pero ese desencanto en la voz de quien te coge cuando devuelves su llamada. Desconcierto, recomposición, cariño olvidado. Y menos mal que es así: podría ser odio, asco, rabia o desprecio.

Agridulce.

Mi nombre empieza por A.

martes, mayo 24, 2011

 

Así he estado toda la semana.

Villacaos, también conocida como “El Escorial”, está lista para vivir en ella. ¿He dicho vivir? Ejem. Algo parecido. Al final la han terminado antes que La Sagrada Familia, pero por poco.

Nos hemos gastado lo que teníamos y lo que no teníamos. Hemos estado 4 meses en un piso prestado a tomar por saco de nuestros curros, con todas nuestras pertenencias menos lo imprescindible. El resto: en el guardamuebles. Qué poco se necesita para vivir, por cierto, y cuántas cosas acumulados que resulta que NO nos hacían falta.

Qué ganitas de dejar el puñetero piso, dios. No veía el momento. En ese barrio aislado y lejos de todo. Pequeño, con la ropa doblada sobre las maletas, con un par de zapatos y sólo ropa de invierno. El piso que, por otra parte, estaba loco por echarnos.

Y, como le dije a Gacela cuando vino a ayudarme a empacar: esta noche duermo en MI CASA por mis santos. [Minibere: Mamá ¿hoy es tu santo? No hija, no, ejem…] Y vaya si dormimos en casa.

El primer día no encontraba las bragas. Ni la ropa. Ni el secador. Ni el pijama. Ni.

Y para buscar A, tenía que ir a B, que no estaba y en su lugar había una C. Así es que, tras pasarme el día deambulando por la casa entre un laberinto imposible de cajas, decidí que lo mejor que podía hacer era sentarme en la cama a medio vestir y llorar como si no hubiera mañana. Y me sentía como el cronopio que buscaba la llave o el de La foto salió movida. (Cortázar, siempre)

Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en en dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle.
Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.

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La foto salió movida

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para que. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.

Mi suegro, que estuvo todo el finde para ayudar, se dedicó a montar cosas que para mí no eran urgentes y claro, el jevi, con él. Así es que en vez de deshacer cajas (ciento y pico), ponían lámparas. Y debe de ser que en su universo particular masculino es mucho más importante no tener bombillas colgando del techo que el que su nuera/mujer no lleve bragas y tenga que ponerse una camiseta de Mazinger del jevi porque no encuentra las suyas. Entendámonos, la camiseta mola. Pero yo quería encontrar MI ropa. Y así se lo hice saber al jevi entre llantos, mocos y ataques de histeria. Todo esto en bajito, claro, que el suegro andaba en el lavadero montando otro mueble.

Hace ya de eso una semana y aún no encuentro muchas cosas.

Sarajevo, campamento de gitanos, la actual Grecia antigua. Descontrol. Memoria a fragmentos. Cada cosa en un sitio distinto, cambias de habitación y has visto algo, pero ya no recuerdas dónde. Desconcertante. Agobiante. Extenuante.

Pero es mi casa, nuestra casa, nuestro silencio, nuestros pájaros, nuestra enorme ventana en la cocina, nuestro balconcito, nuestro trastero, nuestra luz Sonrisa

domingo, mayo 22, 2011

 

No el título de la peli, no. Gente “normal”: la gente. Cuando no te sientes parte de ella sino fuera. Que no todo el tiempo, sino para unas cosas sí y para otras no.

Desde la semana pasada y después de 10 meses, me han dado libertad absoluta con respecto a la comida. Hace ya 4 que llegué a mi peso, pero, hasta ahora, seguía unas pautas más o menos flexibles.

¿Y ahora qué? La gran pregunta, esa de la que me hubiera reído no hace ni un año pero que en este momento es tan importante para mí: ¿qué come la gente “normal”? ¿cuánto y cómo?

Con respecto a mi relación con la comida, no pertenezco al grupo de los normales. Y no hablo de anorexia o bulimia, hablo de conexión emocional con la comida, de consuelo, de atracones, de descontrol, de círculo vicioso.

En total ya van 35 kilos. Y digo “ya” porque, en esta nueva relación artificial, creada a base de esfuerzo, no tengo claras las medidas. Así es que pruebo mi recién adquirida consciencia con una hamburguesa y patatas, intentando cambiar el chip y no dejarme llevar por los remordimientos para dejarme la mitad. Después de tantos meses, es difícil asimilar que ya no estoy a dieta. Y ese es mi nuevo reto. Ese, y controlar el peso, porque, en vez de parar, esta semana se me ha ido un kilo más así, sin sentir. Y tengo un límite de peso, tanto por encima como por debajo del indicado.

¿Qué come la gente normal? ¿y cuánto? ¿cuántas galletas es lo “normal”? Yo no lo sé, para mí lo normal era el paquete. Lo otro eran remilgos de gente amargada.

Si me fuerzo a comer lo que ya puedo y antes no debía ¿volveré a sentir el ansia que hace tanto ha dejado de dominarme? ¿Perderé el control?

¿Es difícil de entender lo que digo? No paro de pensar que este tipo de cuestiones me hubieran provocado una risita de desprecio no hace tanto. Pero ahora lo siento así.

Lo que para otros es lo normal, para mí es un gesto aprendido.

Y es difícil cambiar el chip de algo que era parte de tu persona, por mucho que fuese algo destructivo física y mentalmente.

lunes, mayo 16, 2011

 

Qué pereza salir de la ducha para enfrentarme con lo que hay fuera, detrás de la cortina. Porque dentro sólo hay agua y sólo estoy yo.

Qué pereza leer tus mails largos y llenos de recursos manidos, preguntándome a cada línea qué hay y por qué.

Qué pereza salir de la cama a ponerme el traje, la cabeza, el cansancio, el amor y la ternura de ser madre. O esposa, amiga, extraña.

Qué pereza mirarte a los ojos y descubrir que nos odiamos cordialmente. Cruzarnos en la moqueta, disimular el asco.

Qué pereza empezar un libro y sentir un poquito cada página hasta apropiarme de los personajes.

Qué pereza volver a sentarme frente a ti para sentir que no puedo esconderte nada y que me pongas delante lo que de ningún modo quiero ver.

Qué pereza contestar los sms, los mensajes de cualquier tipo.

Qué pereza decidir, pensar, sentir. Caminar por el borde sin pisarlo.

Qué pereza.

¿No?

lunes, mayo 02, 2011

 

La casa nos odia. Y ya está. Que si no, no me lo explico.

Y más concretamente, nos odia el baño del dormitorio. Si sólo le falta escupirnos…

No contento con escaldarnos/achicharrarnos en una ducha escocesa infernal y mal mala mu malísima y malvada, me tira la barra de la cortina de la ducha en el cogote o hace que quede enganchado el pitorro de cambiar entre ducha y grifo para que, al abrir más tarde, me caiga en toda la cabeza un chorro de agua helada mientras, completamente vestida, me inclino a abrir el grifo para llenarle la bañera a Minibere.

Pues bien. Todo eso vencimos, sí señor. Aprender a regular el aparentemente regido por el azar puñetero grifo. Asegurar la barra. Comprobar pitorro. Minucias.

¿Su última y desesperada estratagema? UNA HUMEDAD. Hala.

Ahora sí que nos ha echao porque, de seguir duchándonos ahí, vamos a quedarnos sin pared del salón. Y todo eso está muy mal y esas cosas, pero si tenemos en cuenta que esta NO es nuestra casa y que estamos viviendo en ella de prestado, pues ya diréis. Así es que mañana viene el fontanero, menos mal que los dueños tienen seguro.

Baño del dormitorio 4 – Bereni-C de la Selva 3

Ahora usamos el baño pequeño, que tiene un plato de ducha enano. Tan enano que cuando abres la puerta (plegable) hacia adentro, te tienes que pegar a la pared como si fueras una lagartija. Tan enano que, como se te caiga la esponja, tienes que ir agachándote muy tieso y poco a poco, doblando las rodillas pero sin inclinar el cuerpo, a ritmo del Limbo Rock, porque no hay espacio para que te dobles por la cintura ni nada parecido.

Ayer nos dijeron que nuestro piso estaba listo. Fuimos a verlo. Abrí la puerta. Lo vi. Me embargó la emoción. Me eché a llorar. Y el jevi aún me pregunta que por qué…

martes, abril 19, 2011

 

Ocho minutos, me han dicho. He entrado y, de pronto, BZZZZZZZ un ventilador sobre la coronilla a todo trapo, luces brillantísimas (¿blanco tirando a azul?) y CHUNDA CHUNDA CHUNDA CHUNDA. BZZZZZZZ. Calorcito que se convierte en calor. CHUNDA BZZZ CHUNDA CHUNDA. Casi no puedo oír mis propios pensaCHUNDACHUNDACHUNDA!! Ah, perdón, se me olvidaba: BZZZZZZZZZ!!!!!

¿Mi primera vez en una discoteca? No, en una cabina de rayos UVA.

Ocho minutos en bolas mientras suenan canciones CHUNDACHUNDA a todo trapo (¿la música era para entretenerme o para que se me hiciera eterna la sesión?) son MUCHOS minutos. Máxima FM, se llamaba la emisora del demonio. He salido con una extraña mezcla entre ganas de matar y ganas de escuchar los grandes éxitos de José Luis Perales (para compensar): TODOS.

Esto de probar cosas nuevas va a acabar conmigo… Qué malos son los 40. Los Principales, sí… claro… a eso me refería… ejem.

domingo, abril 10, 2011

 

Hace tiempo que tengo ganas de escribir y mucho que contar. Pero no quiero hacerlo.

Porque creo que no pega en este blog naranja (mostaza, amarillo, elija su aventura y vaya a a,b o c, página tal, cual o aquella). Porque no es ni pena ni alegría ni Bereni-C. Y no sé muy bien qué hacer con lo que me hierve en la sesera.

Qué cosa tan irracional. Mis pensamientos, caos y desorden, resulta que viajan por un tubo que no existe y en el que hay un atasco. Y hasta que no salga lo que no quiero escribir aquí, no hay nada más. Bloqueo.

¿Utilizar una libreta? Me he malacostumbrado a la comodidad del teclado, a corregir sin tachar, a mover frases a golpe de ratón, a tener el portátil ronroneándome en el regazo mientras redacto. No.

¿Un procesador de textos? Llamadme loca, pero olería a cerrado, a muerto. Y yo quiero que mis ideas vuelen y sean libres. Para compartir, para leer, para que otros lo lean y opinen. Y si no están de acuerdo, que lo manifiesten, pero que no sepan que soy yo: la misma Bereni-C del blog naranja/mostaza/amarillo.

Así es que la cuestión es si hacer de tripas corazón y tirar la última barrera para echar aquí todo el vómito de sucesos que da vueltas en mi cabeza o abrir un nuevo blog para luego, una vez vacía de lo que me está bloqueando, retomar este y volver a ser Bereni-C, la que se abrió un blog mandarina (porque esa era la idea) para sacar solamente luces y acabar sacando también tantas sombras.

martes, abril 05, 2011

 

Hoy me he vuelto a perder con el coche, para variar.

Y pocas cosas me producen más angustia, a parte de atravesar puentes o subir montañas. No me gusta conducir. Me agobia muchísimo no poder pararme a recoger a alguien, no encontrar aparcamiento, no saber dónde estoy.

No veo el momento en el que el jevi se saque el carné para no tener esta maldita obligación de ser siempre yo la que conduce, haga frío o calor, sol o lluvia, estando mala o peor.

Perderme en Madrid suele llevarme a ataques de ansiedad lo cual, conduciendo, no es lo más recomendable. Así es que llamo al jevi y le lloro y le lloro y le lloro hasta que me falta el aire e intento parar.

Es la sensación de no saber dónde estoy y de estar convencida de que no voy a poder saberlo la que me agobia hasta lo menos soportable. Y la constatación de que sigo siendo torpe, lerda y con NINGÚN sentido de la orientación o capacidad para memorizar caminos. Tanto es así, que me bloqueo y no soy capaz de seguir las instrucciones del GPS de turno, ya sea el navegador de Google o el estúpido Garmin.

Hoy he acabado en unas callejuelas que iban y venían a Gran Vía. Y he conservado la calma pero abriendo tantos los ojos y agarrando con tanta aprensión el volante que casi me daba risa sólo de pensar que pudiera verme alguien conocido.

Como si fuera un dibujo animado: la ardilla desquiciada en busca de su bellota. La hormiga conduciendo un tanque de papel entre kamikazes en busca del rastro hacia el hormiguero.

Y entonces, he girado a la derecha y he sabido dónde estaba.

No ha sido un mal lunes, después de todo.

domingo, marzo 20, 2011

 

Era mi muy mucho mejor amiga, de esas que ya no hay, de esas a las que puedes contarle todo, lo que sea.

Me estuvo acompañando tanto. Nos hicimos tanto bien.

Y desapareció del mapa. Llegó a ver a Minibere una vez, creo. Que nunca tenía tiempo, que yo tampoco.

Esto no puede ser. Dos años después intento retomar el contacto, pero no se deja. Pasa mucho tiempo. Un día llama de forma totalmente inesperada. Le pregunto si ha pasado algo, si he hecho algo, que no lo entiendo. Y me dice que nada, que nada, que su vida es un poco caos. Que va a tener otro niño, que ha sido inesperado, que me echa de menos. No podemos seguir la conversación porque tengo una puta migraña que no me deja casi abrir los ojos y tengo que parar para vomitar. Me llamará otro día, dice.

Y luego, silencio. Intento mails, teléfono, sms. Sin respuesta.

Me preocupo. Mucho. Nos conocemos desde pequeñas: llamo a su madre. Me cuenta que está bien, que por qué no llamo a su hija, que ella sentía que yo la cuidaba.

No lo entiendo. No me cabe en la cabeza. Y me duele MUCHO. Y pasa otro año.

Un día me dice alguien importante que a veces las personas se cruzan en tu camino y luego se marchan. Y que no tiene que haber una razón para ello, que si han elegido otra senda, debo dejarlas marchar.

Y lo intento. Y  me cuesta lo indecible, porque no puedo. Y el dolor se va acolchando, pero sigue. Y de vez en cuando sueño que nos encontramos. Y ese día me lo paso dándole vueltas a todo otra vez porque se me remueve todo.

Porque para mí el apego no es el contacto ni la cercanía, es el sentir. Y, puestos a ello, no olvido, no perdono, no me desato, no rompo nunca el vínculo. Yo, claro. Los demás siempre sí. Debo de ser la rara, la que no sabe dar carpetazo, la que se queda bloqueada por un pasado que ya no existe, la que carga cadenas de humo a modo de grillete en el tobillo.

Abro los ojos a un intento de empezar de cero en muchas cosas y decido que esta vez tengo que abrir la puerta y dejar salir del armario muchos fantasmas. Y ella se va.

Y un día Facebook me la sugiere como amiga. Ha añadido a amigos comunes, a algunos que sé que apenas conoce, pero no a mí. Algo debió de pasar, dice mi yo paranóico, muy activo últimamente, qué casualidad. O no. El dolor vuelve. Tengo que dejarla ir.

Aunque con ella se marche la remota esperanza de que hay algo que se llama amistad que en realidad existe. Aunque deje ir también la ilusión de no estar sola en mitad de la oscuridad a ratos.

La semana pasada recibí su invitación. Sorpresa, alegría, nervios, desazón, inquietud (¿por qué?). Duda, si habrá puesto el dedo sin querer sobre el botón.

Y decido aceptar, pero me quedo con el ratón en la mano sin hacerlo.

Porque no conoce a mi hija, ni me ha visto. Ni sé por ella si está viva o muerta o siquiera si su hija nació hace ya no sé si uno o dos años. No sé si se divorció finalmente, ni si sus hijos están bien o el aspecto que tienen después de todo este tiempo. Y no quiero que vea mis fotos, ni que vea a Minibere, ni mis cambios, ni que sepa de mi nueva casa, ni que sepa de mi vida. Minibere no sabe ni que existe. No puedo creer que nuestros hijos ni se conozcan. Y eso me produce una tristeza difícil de explicar.

Porque, si quiere saber, que lo haga de otra forma.

Y porque, en el fondo, lo que me acojona es que sí, que se haya equivocado al darle al botón y vuelva a dejarme tirada.

domingo, marzo 13, 2011

 

Hoy le he dicho a mi madre que no estoy bien. Y esto tiene su importancia, porque en mi familia todo se esconde por no disgustar ni herir. Ni que decir tiene las secuelas que deja eso.

Llega un momento en que ya no escondes nada, sobre todo a tu madre, así es que he caído en la cuenta de que mejor no negar la evidencia y evitar que se preocupe aún más.

A fin de cuentas, no sé si la depresión es hereditaria, pero la compartimos. Cada una a su manera, por distintas causas (o no: somos todos TAN parecidos) y manifestándola como buenamente podemos.

Así, voy siendo feliz a pequeños intervalos cuando desconecto. Riéndome cuanto puedo para reencontrarme con la oscuridad al volver a casa, cuando dejo caer los brazos y me quito la ropa. Y muestro esa cara que tan bien conoce el jevi, pobrecito. La del pánico, la indecisión aplastante, la angustia-tenaza en la garganta.

A veces me pregunto si no puedo estar al menos en un estado neutro durante algún tiempo.

Estar arriba es olvidarte de que volverás a bajar. Pero olvidarte por completo. El mundo es mío y me muevo por él nadando en sus aguas.

Hasta que hace CRAS y se me cae encima, para luchar en un fluido que más parece pegamento y me deja bloqueada por partes. El mundo me come y yo no puedo respirar. Me ahogo en cada vaso de agua, me dan ataques de ansiedad inesperados, me falta el aire, el aire, el aire.

Es un rollo.

Es una mierda.

Y es lo que hay.

sábado, marzo 05, 2011

 

Minibere: (a la salida del cole, en modo “radiopatio”) …y nos han puesto una peli y salía un zorro y salía un perro y eran amigos.

Yo: Qué bonito, hija ¿se llamaban Todd y Toby?

Minibere: Shi. Pero ¡me he perdido un trozo y no la he visto entera!

Yo: ¿Y eso?

Minibere: Que he ido a hacer caca.

Yo: (mascando la tragedia): ¿Caca? ¿y quién te ha limpiado? (4 años, no digo más) ¿tú?

Minibere: No, mamá, que yo no sé bien. Ha sido María.

El jevi: ¿María la profe? (Nos miramos. Lucecita de esperanza pero muy tenue)

Minibere: ¡No, hombre! ¡María mi amiga de la clase! Que como yo cuando me limpio me puedo llenar los dedos de caca, le he dicho a María que lo hiciera ella y me ha limpiado el culo.

[Y aquí no he encontrado ningún signo o carita que refleje el desencajamiento facial del jevi y mío.]

Nota: efectivamente, las bragas las tenía como un cuadro de Pollock.

Nota 2: esto sí que es un amigo de verdad. A ver cuántos tenéis a alguien dispuesto a hacer esto por vosotros ¿eh, eh, eh?

domingo, febrero 27, 2011

 

Odio ir a comprar ropa. De siempre. El haber estado años yendo sólo a tiendas concretas probándome lo que me cabía y no lo que me gustaba, no ha contribuido precisamente a hacerme cambiar de opinión.

No entiendo a esas féminas que disfrutan yendo de tienda en tienda a probarse porque sí. Sin intención de comprar o llevando una montaña de tela en los brazos a-que-es-mono-lo-NECESITO-en-rojo-sí-o-sí. Los ojos a lo Candy Candy o Guerrero Luna, cuajaditos de estrellas ¿Para qué quieren tanta ropa? Si con la mitad ya sobra. A mí, si hubiera que castigarme, esta sería una de las peores formas que se podría imaginar. Encontrar cosas puestas al (lo que a mí me parece) tuntún. Una vez que ves algo que te gusta, acierta con la talla (que en la misma tienda varía según la prenda) y luego, haz cola en el probador, quítate lo que llevas puesto y ve poniéndote cosas. EL HORROR. Y si no has acertado y tienes que volver a vestirte para salir y buscar y volver a desvestirte y… bueno, en fin, que LO ODIO.

Ahora tengo que comprarme ropa SÍ o SÍ. He tenido que desechar toda la mía y la escasa que tengo se me cae. Ayer fue el momento que tanto he ido retrasando. Nudo en el estómago.

La primera imagen, impactante: hombres desesperados, cargados de bolsas, en los escalones de las tiendas, con cara de “lo que hay que aguantar por un kiki al año”. Estuve a punto de pedirle a uno que me hiciera sitio, pero entonces recordé que NECESITO poder ponerme algo.

Objetivo número uno, por cuestiones de orgullo (y especial inquina a las dependientas que me han mirado con cara de ajo cuando he entrado a por ropa de niños) esa tienda en la que llevo más de 10 años sin mirar ropa para mí: ZARA. Me meto en el probador con varias blusas y vaqueros. Las blusas de la L me están bien (snif, emoción) y con los pantalones me cojo un rebote del 15. En el stand sólo hay 36 a porrillo, un par de 38 y un par de 40. Si yo estoy ahora un kilo por debajo de mi peso y el pantalón que llevo es de la 40 y se me cae, la 40 de Zara no me pasa de la cadera y me ha costado un potosí que suba de la pantorrilla ¿¿ESO ES NORMAL??

Dejé de la tienda y, por supuesto, no me llevé las blusas. Tan asqueada estaba.

Cuando me encontré al jevi por el pasillo del centro comercial fui a por lo que realmente me gusta. Al final salí con un perfume de Jean Paul Gautier y no nos llevamos un netbook porque queríamos ver mejor las características técnicas en internet y comparar con otros.

El netbook es CHU-LÍ-SI-MO, está bien de precio, es una pequeña maravilla y hasta el color mola. Estoy TAN tentada de comprarlo…

Ya me vestiré con una sábana y cuerdas si eso.

domingo, febrero 20, 2011

 

O estamos todos locos o depende de si, en un momento dado, alguien te ha colgado una etiqueta. O hay tantos grados de locura que quién sabe. Quién sabe dónde está el límite.

Que cada uno tenemos nuestros fantasmas y esas avispas machaconas que nos persiguen y a veces hacen enjambre y nos pueden. Otras, se mata al bicho de un palmetazo y aquí paz y después gloria.

La patada al avispero suele venir de improviso y convertirse en un drama en menos que pica la primera. Te envuelve y ya no deja respirar, ni ver, ni pensar.

Y esta vez ha sido enjambre MUY cabreado.

Que en los zumbidos van repitiendo las frases que hacen eco en la cabeza desde que recuerdo. Las mismas siempre.

Ser consciente de que es una paranoia no hace que, en su fase más aguda, sea capaz de operar sobre ella. Razonar y darme cuenta de que no puede ser, de que es imposible que todo a la vez esté sucediendo, no me exime de sentirlo y vivirlo como tal.

Es complicado. Como algunas relaciones en Facebook.

Pss pss sgueme
Bereni-C reloaded

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